Nací en Pasto, en el corazón de Nariño, una tierra que me enseñó desde temprano el valor de la comunidad, la dignidad y la lucha por la justicia.
Mi camino no empezó en la política tradicional, sino en el estudio y en el trabajo directo con la gente, entendiendo las realidades de un país diverso y profundamente desigual.
Soy antropólogo, con formación académica que me llevó a profundizar en las realidades sociales de América Latina y a comprender que detrás de cada cifra hay historias, territorios y vidas que merecen ser escuchadas.
Durante más de dos décadas he trabajado como docente, investigador y acompañante de procesos sociales, especialmente con comunidades campesinas, indígenas y sectores populares. Fue en esos territorios donde reafirmé una convicción que hoy guía mi vida pública: la política debe servir para transformar la realidad de las personas, no para perpetuar privilegios.
Llegar al Senado de la República no fue un objetivo personal, sino una responsabilidad que asumí como parte de un proceso colectivo. Desde allí, he trabajado para llevar la voz de las regiones a los debates nacionales, impulsando iniciativas relacionadas con la justicia social, la educación, la economía y la reforma agraria.
Creo en la necesidad de construir un país más equitativo, donde las decisiones no se tomen de espaldas a la gente. Por eso, mi compromiso es seguir trabajando con coherencia, escuchando a las comunidades y defendiendo un proyecto político que ponga en el centro la dignidad humana.
Hago parte del Polo Democrático y del Pacto Histórico, espacios desde los cuales promovemos la unidad y la transformación social que Colombia necesita.
Mi apuesta es clara: un país más justo, más incluyente y más humano, construido desde los territorios y con la participación activa de su gente.